Me acabas de conocer. No te culpo.
Pero quiero dejarte claro algo. Tengo un objetivo diario: ser menos imbécil cada día.
Por eso hoy haré todo lo posible para ser menos imbécil que ayer, aunque eso me lleve a ser más imbécil que mañana.
Hago todo lo posible por conseguirlo cada día, desde que me responsabilicé de mis acciones y dejé de culpar lo que no puedo controlar.
Y tú puedes beneficiarte de ello. O no.
Y otra cosa: esto no va solo de vender casas. Corro maratones, soy padre, leo, me equivoco y vuelvo a empezar. Me obsesiona mejorar en todo lo que hago; lo de las casas es, simplemente, donde mejor sé demostrarlo.
Hace unos años me rompí el tendón de Aquiles.
La gente solo sabía decirme una cosa: que me quedaría cojo para siempre. Que ni los deportistas profesionales vuelven a estar del todo bien después de esa lesión. Que me olvidara del deporte.
La foto de arriba es entrando en la meta del maratón de Valencia. En 3 horas y 28 minutos.
No la cuento por presumir. La cuento porque resume cómo entiendo casi todo —también vender casas—: la opinión de quien no ha pasado por ahí vale poco, y casi todo lo que parece imposible es, simplemente, difícil.
En esta página donde tengo que explicarte quién soy, no voy a jugar a eso de quién la tiene más grande. Sobre la experiencia, rechazo lo que dicen de que la veteranía es un grado. Es una patraña.
Si te gusta la acción, haces más de lo que miras, aplicas lo que aprendes, te equivocas y evolucionas, tu experiencia para mí tiene un valor incalculable, lleves vendiendo casas meses o siglos. Solo te falta saber venderlas a buen precio.
Por otro lado, mis resultados no van a hacer los tuyos. Tus resultados son tuyos, y son tu responsabilidad.
